El canciller Serguéi Lavrov calificó los ejercicios de la OTAN en el alto norte de «agresivos» y advirtió que crecen los riesgos de una confrontación armada en la región.

El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, afirmó este lunes que la creciente actividad de la OTAN en el Ártico constituye una amenaza directa a la seguridad de Rusia. En un artículo publicado por la Cancillería rusa, describió los ejercicios militares de la alianza en el extremo norte como agresivos y sostuvo que aumentan los riesgos de incidentes capaces de desencadenar una confrontación armada, con consecuencias potencialmente catastróficas.
La declaración llega seis meses después del lanzamiento de Arctic Sentry, la misión que la OTAN activó en febrero de 2026 para reforzar su presencia en el alto norte y por la que Moscú ya había protestado. El endurecimiento se inscribe en un contexto más amplio: la guerra en Ucrania, el ingreso de Finlandia y Suecia a la alianza y la presión de la Casa Blanca por hacerse con Groenlandia han desplazado al Ártico desde el margen hacia un primer plano de la competencia entre potencias.
Rusia mantiene la mayor presencia e infraestructura militar de la región, con la Flota del Norte y sus submarinos nucleares concentrados en el bastión ruso de la Península de Kola. En paralelo, Noruega amplió recientemente su brigada ártica y China intensificó su actividad en la zona, casi siempre en asociación con Moscú. Lavrov enmarcó el Ártico como esfera de interés ruso —recordó que aporta al menos el 10% del PBI del país y alberga a más de 2,5 millones de habitantes— y como corredor de conexión con los mercados asiáticos.
La retórica de amenaza directa tensa aún más el dilema de seguridad en el flanco norte y reduce el espacio del llamado excepcionalismo ártico, la idea de que la cooperación regional podía mantenerse aislada de las disputas globales. Cada ejercicio y cada refuerzo de infraestructura se leen hoy, desde ambos lados, como señales de intención.


