Por primera vez en su historia, tres ejemplares de Culiseta annulata fueron capturados en octubre de 2025 en un jardín al norte de Reikiavik. Investigadores del Ártico advierten que el hallazgo refleja un cambio ecológico profundo impulsado por el calentamiento climático.

Islandia era, hasta hace unos meses, el único país del Ártico sin mosquitos. Esa distinción desapareció en octubre de 2025, cuando el entusiasta de insectos Björn Hjaltason capturó un macho y dos hembras de Culiseta annulata en su jardín de Kiðafell, en la región de Kjós. El Instituto de Ciencias Naturales de Islandia confirmó el hallazgo el 21 de octubre, convirtiendo esos tres especímenes en los primeros mosquitos silvestres documentados en el país.
La captura no fue producto de una operación científica planificada. Hjaltason utilizó una cinta impregnada en vino tinto, un método habitual para atraer polillas, que resultó igualmente efectivo con los mosquitos. Los tres ejemplares fueron identificados y entregados al Instituto para su análisis. La especie hallada, C. annulata, tolera climas fríos y no transmite patógenos humanos conocidos, lo que la distingue de las especies vectores de enfermedades presentes en latitudes más templadas.
Un umbral ecológico cruzado
La ausencia histórica de mosquitos en Islandia no se explicaba únicamente por el frío, sino por un mecanismo más específico: los ciclos de congelación y deshielo de la isla, que oscilan frecuentemente en torno a los cero grados, crean una trampa biológica. Las larvas despiertan de su estado latente durante un período cálido breve y mueren cuando el frío regresa de forma abrupta, sin haber completado su ciclo vital. El cambio climático está alterando esa dinámica, suavizando los inviernos y ampliando las ventanas en las que las larvas pueden sobrevivir.
En un editorial publicado en la revista Science en abril de 2026, las investigadoras Amanda M. Koltz, de la Universidad de Texas en Austin, y Lauren Culler, del Dartmouth College, argumentan que el hallazgo no es un caso aislado. Para ambas, los mosquitos en Islandia son una señal de un desplazamiento ecológico en curso: a medida que el Ártico se calienta y la actividad humana se expande —rutas marítimas, turismo, infraestructura militar—, las especies se mueven en formas y escalas sin precedentes. «Lo que sucede en el Ártico no se queda en el Ártico», declaró Culler a la revista Gizmodo.
Lo que aún no está resuelto es si C. annulata logrará establecerse de forma permanente. A principios de 2026 no existe una población reproductora confirmada, y los investigadores señalan que los inviernos islandeses podrían seguir siendo demasiado severos para la especie. Sin embargo, la falta de un sistema coordinado de monitoreo de artrópodos en el Ártico impide conocer la magnitud real del cambio: no se sabe cuántas otras especies están en tránsito ni qué comunidades enfrentarán antes los efectos.
Si los mosquitos logran reproducirse con regularidad en Islandia, solo la Antártida permanecería libre de ellos. El umbral cruzado en Kjós no solo redefine la geografía entomológica del planeta: apunta hacia una región ártica cada vez más conectada con el resto del mundo, donde las barreras biológicas que durante siglos actuaron como escudos naturales están, una a una, dejando de funcionar.
Fuente science.org