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El calor atrapado bajo el hielo: la clave del misterio antártico que la ciencia acaba de resolver

Un estudio de la Universidad de Stanford publicado en marzo de 2026 resuelve una de las paradojas más desconcertantes de la climatología polar: por qué el hielo marino antártico creció durante décadas pese al calentamiento global, y por qué colapsó abruptamente en 2016 sin haberse recuperado.

Paisaje polar antártico vasto y sobrecogedor, con enormes icebergs de color azul-blanco elevándose desde un océano congelado. En primer plano, miles de fragmentos de hielo flotan como vidrio roto sobre el agua oscura. Al fondo, imponentes formaciones de hielo con tonos turquesa y cian luminosos se alzan como catedrales congeladas bajo un cielo nublado gris, transmitiendo una atmósfera fría, silenciosa y majestuosa.
Hielo marino fragmentado frente a un glaciar en la Antártida.

Durante más de cuarenta años, el hielo marino antártico desafió las predicciones climáticas: en lugar de reducirse, se expandió desde la década de 1970 hasta 2015. Luego, en 2016, su extensión cayó a mínimos históricos de forma abrupta y no ha vuelto a recuperarse. Un nuevo estudio de la Escuela Doerr de Sostenibilidad de Stanford, publicado el 23 de marzo en Proceedings of the National Academy of Sciences, explica por primera vez el mecanismo detrás de ese comportamiento anómalo.

La clave estaba bajo la superficie. El aumento de las precipitaciones sobre el Océano Austral generó una capa de agua menos salada y menos densa que actuó como tapa, atrapando el agua más cálida en las capas profundas e impidiendo que ascendiera. Ese calor acumulado permitió que el hielo superficial siguiera creciendo durante décadas, incluso mientras el planeta se calentaba.

El quiebre llegó cuando los vientos se intensificaron. Tormentas más frecuentes en torno a la Antártida — probablemente vinculadas al cambio climático — empujaron el hielo y las aguas superficiales hacia afuera del continente, forzando el ascenso del agua profunda más cálida. Ese proceso, conocido como surgencia, derritió el hielo desde abajo y desencadenó el colapso registrado en 2016.

«El océano tiene una memoria larga y puede generar cambios que duran varios años de maneras que el tiempo atmosférico no puede», explicó Earle Wilson, profesor asistente de ciencias del sistema terrestre en Stanford y autor principal del estudio. Los investigadores utilizaron dos décadas de datos recopilados por miles de boyas robóticas del programa Argo, incluyendo registros subglaciales que habían sido escasamente analizados hasta ahora.

El estudio abre nuevas preguntas. Los datos muestran un comportamiento diferente en el sector del Pacífico — frente a la Península Antártica y el Mar de Ross — donde las tendencias fueron opuestas a las del sector atlántico. Ese desequilibrio regional sigue sin explicación completa y será objeto de investigaciones futuras.

Las implicancias van más allá del hielo. El Océano Austral absorbe una parte significativa del calor generado por las emisiones humanas y regula la circulación oceánica global. Comprender qué controla su hielo marino es, según los investigadores, indispensable para proyectar con precisión el derretimiento de la capa de hielo antártica y la elevación del nivel del mar en las próximas décadas.