Drones ucranianos alcanzaron por primera vez la planta de condensado de Novy Urengoy, en Yamalo-Nenets, a unos 3.200 kilómetros del frente. Es el punto más profundo golpeado en el Ártico ruso desde el inicio de la guerra.

El miércoles, drones de largo alcance ucranianos impactaron la planta de preparación de condensado de Novy Urengoy, en el distrito autónomo de Yamalo-Nenets, a unos 3.200 kilómetros de la frontera ucraniana. Es la primera vez que la guerra alcanza esta zona del Ártico ruso, hasta ahora considerada retaguardia segura. El gobernador regional, Dmitri Artiújov, confirmó el ataque y un incendio provocado por la caída de restos de un dron, sin víctimas.
Yamalo-Nenets es el corazón gasífero de Rusia. La instalación alcanzada procesa condensado de los yacimientos de la península de Yamal, el mismo complejo del que dependen las exportaciones energéticas rusas hacia Asia y, hasta 2022, hacia Europa occidental. Con una capacidad de diseño cercana a los 19,5 millones de toneladas anuales, la planta es una pieza central de la infraestructura de recursos del Ártico sobre la que se apoya la economía de guerra rusa.
Kiev no reivindicó el ataque de forma oficial de inmediato, aunque el fabricante de drones Fire Point sugirió su autoría al señalar que sus aparatos habían recorrido más de 3.300 kilómetros hasta el blanco; en su parte diario, el presidente Volodímir Zelenski incluyó una instalación de Yamalo-Nenets entre ocho objetivos alcanzados en territorio ruso. La operación se inscribe en una campaña ucraniana cada vez más profunda contra la infraestructura energética rusa: durante el verano de 2026, según el propio ejército ucraniano, los ataques dejaron fuera de servicio cerca del 43% de la capacidad de refinación del país.
La misma jornada, las autoridades rusas emitieron por primera vez alertas de drones sobre Janti-Mansi —otro gran distrito productor, responsable de alrededor del 40% del petróleo ruso— y suspendieron temporalmente seis aeropuertos. La distancia hasta Yamal, hasta ahora una barrera natural para la retaguardia energética de Moscú, dejó de ser una garantía.


