Canadá y Australia han formalizado un acuerdo de 1.750 millones de dólares para transferir tecnología de radar transhorizonte al Ártico. El proyecto busca optimizar el monitoreo de aproximaciones estratégicas y modernizar la red de defensa del NORAD.

Canadá y Australia han consolidado un acuerdo gubernamental de exportación militar valorado en 2.500 millones de dólares australianos —aproximadamente 1.750 millones de dólares estadounidenses— destinado al desarrollo de sistemas de vigilancia radar en el Ártico. El pacto representa la mayor transacción de exportación de defensa en la historia de Australia y marca el inicio formal de la fase de entrega del programa de radares transhorizonte (Over-the-Horizon Radar – OTHR) para el extremo norte del continente americano. El secretario de Estado para la Adquisición de Defensa de Canadá, Stephen Fuhr, y el ministro de Defensa australiano, Richard Marles, sellaron el tratado en Canberra, estableciendo una cooperación tecnológica que reconfigura las capacidades de detección en áreas de alta competencia geoestratégica.
La adquisición canadiense se fundamenta en la arquitectura de la red operativa Jindalee (Jindalee Operational Radar Network – JORN), una tecnología desarrollada por Australia durante más de cuarenta años con el soporte industrial de BAE Systems. A diferencia de las estaciones convencionales limitadas por la curvatura terrestre, este mecanismo refracta ondas electromagnéticas de alta frecuencia en la ionosfera, permitiendo rastrear aeronaves, buques y vectores de misiles a distancias superiores a los 3.000 kilómetros. La implementación de la variante ártica (Arctic Over-the-Horizon Radar – A-OTHR) contempla la edificación de dos emplazamientos de transmisión y dos de recepción situados inicialmente en el sur de Ontario, cuyos terrenos ya han sido asegurados por el Departamento de Defensa Nacional canadiense.
El objetivo central de este despliegue radica en sustituir los sistemas de alerta temprana remanentes de la Guerra Fría por sensores de nueva generación aptos para interceptar misiles de crucero avanzados y plataformas hipersónicas a gran distancia. Las autoridades canadienses señalaron que el proyecto constituye el pilar básico de una red integrada de comunicaciones y vigilancia polar, la cual se complementará en una segunda fase con el sistema de radar transhorizonte polar (Polar Over-the-Horizon Radar – P-OTHR) localizado formalmente en el Archipiélago Ártico Canadiense. Los planes operativos vigentes fijan el inicio de los trabajos de ingeniería industrial para el 1 de julio de 2026, proyectando que las primeras señales del sistema entren en funcionamiento hacia finales de 2029, con una madurez operativa total prevista para la década siguiente.
Esta iniciativa se inscribe dentro del programa integral de modernización del Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (North American Aerospace Defense Command – NORAD), un esquema conjunto entre Ottawa y Washington presupuestado en 38.600 millones de dólares canadienses a veinte años. La decisión del gobierno canadiense de incorporar patentes de una nación del hemisferio sur responde a la necesidad de acelerar la cobertura de los accesos septentrionales ante el incremento del tránsito marítimo y la actividad militar global en la cuenca polar. A nivel industrial, el contrato generará una cadena de transferencia tecnológica hacia firmas de aviación y electrónica canadienses, proyectando la creación de más de 2.000 empleos anuales vinculados a la construcción de las bases de sensores entre 2026 y 2033.
La formalización de este acuerdo bilateral evidencia una tendencia creciente entre los miembros de la alianza atlántica e integrantes de la red de inteligencia de los Cinco Ojos (Five Eyes) por robustecer de manera soberana sus capacidades de control sectorial. El deshielo progresivo de los pasos marítimos del norte ha transformado el Ártico, desplazando su estatus de frontera remota y aislada para consolidarlo como un espacio de fricción directa en el balance global. Mediante esta asociación de defensa de largo alcance, los actores involucrados pretenden estructurar un marco sólido de alerta estratégica ante el posicionamiento de flotas extranjeras y el redespliegue de infraestructuras logísticas concurrentes en el corredor del Atlántico Norte.


