Al menos nueve petroleros y cuatro cargueros esperan escolta de rompehielos nucleares en el mar de Kara. Si zarpan juntos, sería el mayor convoy en cruzar la Ruta del Mar del Norte.

En los primeros días de agosto, más de una decena de buques —al menos nueve petroleros y cuatro cargueros— se concentraron a la deriva en el noreste del mar de Kara, al norte de la península de Taimyr, a la espera de que los rompehielos nucleares rusos los escolten hacia el este. Según The Barents Observer, que rastreó el movimiento a partir de datos de tráfico marítimo, si el grupo zarpa unido se convertirá en el mayor convoy jamás reunido para cruzar la Ruta del Mar del Norte. Entre las naves figuran los petroleros Jupiter, Vostochny Prospect y Saga, este último un buque de 182 metros sin protección alguna contra el hielo.
La composición del convoy resume la apuesta y sus riesgos: conviven cascos reforzados para navegación polar con petroleros que carecen por completo de clase de hielo, en un tramo donde todavía se acumula hielo multianual, sobre todo en el mar de Siberia Oriental. Para abrir paso, Moscú desplegó tres rompehielos nucleares —el Sibir en el mar de Kara, y el Ural y el Yakutiya más al este—, la columna vertebral de toda la operación.
El movimiento responde a una lógica que excede lo logístico. La ruta del mar del norte le ofrece a Rusia un corredor hacia los mercados asiáticos sin injerencia de países «no amigos» y sin la amenaza de los ataques con drones ucranianos que asedian sus rutas tradicionales. Por esa vía, Moscú viene aumentando sus envíos de crudo y GNL a China.
La aceleración, sin embargo, tiene techo. La flota rusa de rompehielos nucleares sigue siendo demasiado reducida para sostener una expansión a gran escala, y la infraestructura de emergencia y salvamento a lo largo de la costa ártica todavía está lejos de estar completa. El convoy marca un récord, pero también expone los límites del corredor que Rusia intenta consolidar.


