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La corriente oceánica que regula el clima ártico da señales de debilitamiento

Una investigación publicada en Geophysical Research Letters concluye que la anomalía térmica al sur de Groenlandia e Islandia es consecuencia de cambios en la circulación oceánica profunda, no de factores atmosféricos.

Aguas turbulentas del Atlántico Norte bajo un cielo tormentoso.
Aguas del Atlántico Norte subpolar, la zona donde la corriente oceánica transporta calor desde los trópicos hacia el Ártico y Europa.

Un estudio publicado en mayo en la revista Geophysical Research Letters determinó que la llamada «mancha fría» del Atlántico Norte —una extensa zona de temperaturas por debajo del promedio ubicada al sureste de Groenlandia— está siendo causada principalmente por un debilitamiento de la Circulación de Retorno del Atlántico (AMOC), el sistema de corrientes que transporta agua cálida desde los trópicos hacia el norte. Los autores descartan como causa principal los cambios en el viento o la cobertura nubosa, e identifican procesos en el océano profundo como el factor determinante.

La AMOC funciona como una bomba de calor planetaria: el agua cálida y salada que viaja hacia el norte libera calor sobre el Atlántico Norte y Europa, se enfría, se vuelve más densa y se hunde para retornar por el fondo oceánico. El deshielo de Groenlandia introduce agua dulce en el sistema, reduciendo la densidad del agua superficial y dificultando ese hundimiento. La mancha fría, que persiste desde hace más de un año en una zona que históricamente no ha experimentado el calentamiento global al ritmo del resto de los océanos, es uno de los indicadores más visibles de esa alteración. El vínculo entre el retroceso del hielo ártico y esta dinámica es central para entender la transformación estratégica del Ártico.

El estudio no concluye que el colapso de la AMOC sea inminente, pero suma evidencia a una tendencia que ya tiene consecuencias políticas concretas. En noviembre de 2025, Islandia clasificó formalmente el riesgo de colapso de la corriente como una amenaza de seguridad nacional, convirtiéndose en el primer Estado en incorporarlo a su evaluación de riesgos estratégicos. La economía islandesa depende de la pesca, la energía geotérmica y la industria del aluminio, todas sensibles a las condiciones climáticas del Atlántico Norte.


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