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El deshielo convierte cientos de ríos árticos en torrentes tóxicos

Un estudio publicado esta semana en Science documenta la acidificación abrupta de cuencas en Yukon y Alaska: el permafrost expone minerales de sulfuro que liberan metales pesados al descongelarse, con consecuencias directas sobre comunidades indígenas y la planificación soberana en el Ártico norteamericano.

Investigador examina una ribera de permafrost en descongelamiento en Alaska, con suelo erosionado desprendiéndose hacia el río.
Todd Brinkman, profesor de la Universidad de Alaska Fairbanks e investigador del proyecto ABoVE, examina una ribera de permafrost en descongelamiento que filtra agua y desprende sedimentos hacia el río. Foto: NASA / Kate Ramsayer.

Una investigación publicada el 21 de mayo en la revista Science revela que el deshielo del permafrost está transformando de forma acelerada cientos de cursos de agua en el Ártico norteamericano. Al descongelarse, el suelo expone minerales de sulfuro que reaccionan con el oxígeno y el agua, liberando acidez y metales pesados —zinc, níquel, cadmio y aluminio— en ríos y arroyos de las cuencas del Yukon y el Mackenzie, los dos mayores sistemas fluviales subárticos de América del Norte.

El equipo, liderado por Elliott Skierszkan de la Universidad Carleton y Sean Carey de la McMaster, identificó mediante imágenes satelitales 146 cursos de agua con afectación visible. El monitoreo en terreno muestra transiciones abruptas: aguas que a comienzos de siglo eran pristinas registraron en julio de 2025 concentraciones de metales miles de veces superiores a los umbrales de calidad establecidos por la legislación canadiense. «Capturamos una caída precipitosa del pH y concentraciones de metales que no esperábamos ver en esta escala ni a esta velocidad», señaló Skierszkan. Los investigadores estiman que el fenómeno podría afectar no solo los 146 sitios documentados, sino potencialmente miles de cursos de agua en toda la región noroeste.

Las implicaciones trascienden lo ambiental. Las comunidades indígenas de Yukon dependen de estas cuencas para subsistencia, y en 2024 Canadá y Alaska ya habían impuesto una moratoria de siete años a la pesca del salmón chinook en el río Yukon, cuya población colapsó a menos del 10% de sus niveles históricos desde los años ochenta. La contaminación por metales añade una nueva presión sobre un ecosistema ya bajo estrés severo.

Para los Estados árticos, el estudio confirma una variable que los marcos de planificación de defensa e infraestructura no han incorporado plenamente: el permafrost no es solo un indicador climático, sino un componente activo de la estabilidad territorial. La degradación del suelo congelado afecta la viabilidad de bases militares, rutas de suministro y sistemas de radar en el norte de Canadá y Alaska —infraestructuras que sostienen la postura de defensa del flanco ártico de la OTAN. El estudio conecta directamente con los debates sobre soberanía ártica analizados en este sitio: el deshielo no solo abre rutas, también erosiona las bases físicas desde las que los Estados ejercen su presencia en la región.


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