Un informe publicado esta semana por los productores de Océano con David Attenborough documenta el impacto comercial y regulatorio del film en la cadena de suministro del krill antártico. En el Océano Austral, la presión sobre uno de los ecosistemas más frágiles del planeta se mide ahora también en estantes de farmacias europeas.

A un año de su estreno en National Geographic, Ocean with David Attenborough figura entre los documentales más vistos de la plataforma. Esta semana, Silverback Films y Open Planet Studios publicaron un informe de impacto que cuantifica sus consecuencias concretas sobre la industria de pesca de krill en el Océano Austral — un recurso cuya gobernanza es uno de los ejes más sensibles de la geopolítica antártica.
El film incluyó secuencias filmadas a bordo del buque Allankay de Sea Shepherd, que documentó arrastreros industriales operando en zonas de alimentación de ballenas jorobadas frente a las Islas Orcadas del Sur. Las imágenes de supertrawlers chinos y noruegos faenando junto a cetáceos generaron una respuesta que se trasladó del streaming a las decisiones comerciales: en los meses siguientes, la cadena británica Holland & Barrett anunció el retiro de sus productos derivados de krill para abril de 2026; el gigante alemán dm, el mayor minorista de drugstores de Europa, eliminó toda su línea de krill; y la cadena Rossmann siguió el mismo camino, llevando a que la mayoría del sector alemán de droguerías opere hoy sin krill antártico en sus estantes.
La relevancia geopolítica del caso excede la narrativa ambiental. La temporada 2024-2025 fue la primera en que la flota industrial alcanzó el límite de captura permitido por la CCAMLR antes del cierre estacional previsto, lo que derivó en un cierre anticipado sin precedentes. China y Rusia, que operan algunas de las mayores flotas en el Océano Austral, han bloqueado sistemáticamente en la CCAMLR la creación de Áreas Marinas Protegidas en la región de la Península Antártica — precisamente donde se concentra la actividad pesquera. La presión de la opinión pública europea sobre los minoristas introduce una variable nueva en ese equilibrio: la que va del consumidor al regulador, sin pasar por los mecanismos de veto interestatales.
La cadena de causalidad — documental, presión de consumidores, decisiones corporativas, impacto sobre la demanda de krill — no resuelve el problema de gobernanza en la CCAMLR, pero sí ilustra cómo la disputa por el Océano Austral opera en múltiples planos simultáneamente. Nuestro artículo sobre la geopolítica del krill antártico desarrolla en profundidad ese tablero.


