Esta semana, la revista Politico publicó un extenso reportaje de Emily Schultheis de el Archipiélago Wilhelm, en la Península Antártica, sobre la Base de Investigación Vernadsky: la estación científica ucraniana que opera en la Antártida desde 1996 y que, desde la invasión rusa de febrero de 2022, ha adquirido una dimensión geopolítica que va mucho más allá de la meteorología y la biología polar.

Una estación científica a 15.000 km del frente de batalla
La Base Vernadsky —adquirida al Reino Unido por el precio simbólico de una libra esterlina— alberga hoy a 14 científicos ucranianos bajo la dirección de la meteoróloga Anzhelika Hanchuk. El equipo combina investigación climática y atmosférica con una misión no escrita pero explícita: mantener la presencia ucraniana en el sistema del Tratado Antártico, el foro donde 29 naciones toman decisiones por consenso sobre el continente blanco.

«Detener la base aunque sea un año y luego intentar reactivarla es sencillamente imposible», declaró Hanchuk al medio estadounidense. «Perder un año equivaldría a perderla para siempre.»
Geopolítica en miniatura

La Reunión Consultiva del Tratado Antártico —que se celebra este año en Hiroshima, Japón, precisamente el 11 de mayo— reúne a los representantes de los países con estatus consultivo para debatir desde la pesca de krill hasta el turismo y la prospección de recursos. Ucrania lleva la guerra al orden del día.
Desde 2022, la delegación ucraniana ha exigido la suspensión de los derechos de voto de Rusia, denunciado abiertamente la prospección ilegal rusa de hidrocarburos en aguas antárticas —prohibida por el Protocolo de Madrid hasta al menos 2048— y construido una red de alianzas científicas con países que mantienen neutralidad oficial en el conflicto, como México y Colombia.
La estrategia polar de largo plazo adoptada por Ucrania este año define su presencia antártica como «plataforma de protección de intereses nacionales». El canciller Andrii Sybiha fue explícito al aprobarla: la presencia sistemática en la Antártida «contribuye a contrarrestar la política agresiva de Rusia».
El primer prisionero político antártico
El caso más grave documentado por Politico es el del biólogo marino Leonid Pshenichnov, de 70 años, arrestado en Crimea ocupada el pasado otoño cuando se preparaba para asistir a una reunión del comité de protección marina del Tratado. Las autoridades rusas lo acusan de alta traición por su defensa de nuevas áreas marinas protegidas en el Océano Austral, que afectarían los intereses pesqueros rusos sobre el krill. Ucrania lo considera el primer preso político antártico de la historia.
La fractura en el foro antártico
El sistema del Tratado Antártico, diseñado sobre el principio del consenso, lleva años paralizado por la división entre el bloque occidental —que impulsa mayores restricciones ambientales— y el bloque ruso-chino, que bloquea sistemáticamente nuevas áreas protegidas y medidas de conservación. La guerra ha endurecido esa fractura: en 2024, Rusia propuso la adhesión de Bielorrusia como miembro consultivo; Ucrania y sus aliados la bloquearon. Rusia y China respondieron bloqueando la candidatura de Canadá.
La administración Trump retiró además a Estados Unidos del grupo informal «Amigos de Ucrania» que Washington mismo había convocado, y el Departamento de Estado criticó la «politización» de las reuniones antárticas.
Ciencia como poder blando
Lejos de la parálisis diplomática, Ucrania ha convertido su rompehielos Noosfera —que no ha regresado a su puerto de Odesa desde enero de 2022 y opera desde Sudáfrica— en un activo diplomático: otros países pagan por transporte en el buque, lo que financia parcialmente el programa, y los lazos científicos se traducen en apoyo político silencioso.
«Si pasás mucho tiempo junto a alguien, empezás a hablar de otras cosas, incluida la guerra, y es evidente que empiezan a entendernos mejor», resumió Olena Marushevska, portavoz del programa antártico ucraniano. «Desde una posición neutral, comienzan a apoyarnos más.»
Politico / Emily Schultheis: Ukraine’s Weirdest Front Line. Reportaje desde el Archipiélago Wilhelm que documenta la dimensión geopolítica del programa antártico ucraniano durante la guerra.
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