La Asamblea Nacional surcoreana avanzó en mayo de 2026 una ley para desarrollar infraestructura portuaria ártica y crear una comisión presidencial de rutas polares. La paradoja: los astilleros surcoreanos construyeron los buques con los que Rusia controla esa misma ruta.

La subcomisión de la Asamblea Nacional de Corea del Sur aprobó el 4 de mayo la «Ley Especial para el Desarrollo de la Ruta Ártica y la Designación de Puertos Clave», un marco institucional que contempla la creación de una Comisión Presidencial de la Ruta Ártica, la designación de puertos hub regionales y planes quinquenales de desarrollo con incentivos fiscales. El gobierno anunció además un viaje de prueba de un portacontenedores de 3.000 TEU desde Busan a Rotterdam por la Ruta del Mar del Norte para el verano de 2026. Como parte de la preparación, el Puerto de Busan firmó en marzo una carta de intención con Tromsø —primer puerto noruego al occidente de la ruta— para intercambio de conocimientos sobre operaciones árticas.
Lo que la ley no resuelve es la contradicción de fondo. La Ruta del Mar del Norte no es un corredor de libre acceso: Rusia la administra como ruta nacional, exige permisos previos a todo buque extranjero y cobra escoltas de rompehielos nucleares que para grandes portacontenedores oscilan entre 300.000 y 700.000 dólares por tránsito. El propio ministro de Océanos surcoreano reconoció en febrero que el viaje de prueba «requerirá coordinación estrecha con Rusia» — un eufemismo para describir la negociación con un país bajo sanciones que Seúl ha respaldado desde 2022.
La paradoja es estructural. Los astilleros surcoreanos Hanwha y Samsung Heavy Industries construyeron los 15 buques LNG de clase Arc7 del proyecto ruso Yamal LNG, por un valor total de 4.800 millones de dólares. Son esos mismos buques los que hoy operan en la NSR bajo control de Rosatom. Corea del Sur no es un actor externo a la ruta ártica: es parte de su infraestructura. La pregunta es si esa posición le da palanca frente a Moscú, o simplemente dependencia.
La vulnerabilidad energética surcoreana explica la urgencia. Casi la totalidad de sus importaciones de hidrocarburos transitan por el corredor Ormuz-Malaca, y los ataques hutíes en el Mar Rojo desde 2023 recortaron los ingresos del Canal de Suez a menos de la mitad en el cuarto trimestre de 2024. El Ártico aparece como alternativa. Pero como se analiza en El fin del silencio ártico: la ruta del mar del norte y el nuevo poder global, el acceso a esa ruta tiene un precio que no figura en los mapas de navegación.


