El Il-114-300 completó esta semana una serie de vuelos desde los archipiélagos más septentrionales de Rusia, incluido el aeródromo ubicado en el paralelo 80°N, a menos de 100 km del Polo Norte. La prueba central no fue de resistencia al frío: fue de navegación autónoma, sin dependencia de sistemas satelitales externos.

El 15 de mayo, la Corporación Aeronáutica Unida de Rusia (UAC/ОАК) confirmó la conclusión de una etapa adicional de pruebas de certificación del turbohélice regional Il-114-300 en la zona ártica. El avión operó desde aeródromos de los archipiélagos de Novaya Zemlya y Tierra de Franz Josef, este último sede del aeródromo civil más septentrional de Rusia.
El componente técnico central de las pruebas fue la validación del sistema de navegación inercial BINS-2015, desarrollado por KRET (Concern Radio-Electronic Technologies), subsidiaria de Rostec. El sistema opera de forma completamente autónoma, sin depender de constelaciones GPS, GLONASS ni de ninguna infraestructura de tierra. En el contexto de las sanciones occidentales y la creciente tensión en el Ártico, esa capacidad tiene un peso que va más allá de la aviación civil.
El Il-114-300 está construido íntegramente con componentes rusos —incluidos sus motores TV7-117ST-01, desarrollados por la Corporación Unida de Motores de Rostec— y está diseñado para operar desde aeródromos con infraestructura mínima, incluyendo pistas de tierra no pavimentadas. Según lo anunciado por la UAC, en los próximos meses se realizarán pruebas adicionales en pistas de grava, lo que ampliaría aún más su capacidad de operar en los asentamientos más remotos del Alto Norte.
El avión está concebido como reemplazo del Antonov An-24, el turbohélice soviético que sigue siendo la columna vertebral de la aviación regional en Siberia y el Ártico ruso, con flotas que en algunos casos superan los 50 años de antigüedad. La entrada en servicio del Il-114-300 forma parte de la política más amplia de sustitución de importaciones en la industria aeronáutica rusa, acelerada desde 2022.
Las pruebas se producen en un momento en que Rusia intensifica su presencia operativa en el Alto Norte. Moscú mantiene activa la base minera de Barentsburg en Svalbard —la única del archipiélago— y ha modernizado infraestructura militar en el Ártico desde 2014. La capacidad de operar desde el paralelo 80°N sin dependencia de sistemas satelitales externos es coherente con esa orientación estratégica, que el artículo de Visión Polar sobre el Bastión Ruso en la Península de Kola analiza en detalle.


