Washington negocia instalaciones bajo su control directo en el sur de la isla para monitorear a Rusia y China en el corredor GIUK. El gobierno de Nuuk acepta la cooperación en seguridad, pero rechaza tajantemente la cesión de territorio.

Estados Unidos mantiene negociaciones avanzadas y reservadas con Dinamarca y Groenlandia para la apertura de tres nuevas bases militares en el sector sur de la isla. Según documentos obtenidos por la BBC, los delegados estadounidenses han planteado un esquema en el que estas instalaciones serían designadas como territorio soberano de los Estados Unidos. Esta propuesta representaría una ruptura con el Acuerdo de Defensa de 1951, bajo el cual Washington opera actualmente en la región mediante el consentimiento danés.
El objetivo estratégico de este despliegue es fortalecer la vigilancia marítima sobre los movimientos de Rusia y China en el GIUK Gap. Este corredor marítimo, situado entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido, es el punto de tránsito obligatorio para las flotas que buscan acceder al Atlántico Norte. Actualmente, la única base estadounidense en la isla es Pituffik, en el noroeste, cuya ubicación es geográfica y técnicamente insuficiente para cubrir las crecientes tensiones en el flanco sur del Ártico.
La delegación de Estados Unidos está encabezada por Michael Needham, alto funcionario del Departamento de Estado. El equipo diplomático ha sostenido al menos cinco sesiones de trabajo desde enero con el embajador danés en Washington, Jesper Møller Sørensen, y el representante groenlandés Jacob Isbosethsen. Las conversaciones han evaluado sitios específicos como Narsarsuaq, un antiguo aeródromo de la Segunda Guerra Mundial, además de la reutilización de otros puertos y pistas de aterrizaje existentes en la zona.
El Primer Ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, confirmó la existencia de este «camino diplomático» durante su participación en la Cumbre de la Democracia en Copenhague. Si bien Nielsen calificó el diálogo como un paso en la dirección correcta para la seguridad regional, marcó un límite infranqueable respecto a la integridad territorial. El mandatario fue tajante al declarar que el país no está a la venta y que no se contempla la transferencia de soberanía sobre suelo groenlandés.
La propuesta de soberanía estadounidense busca evitar las limitaciones administrativas que impone el tratado vigente con Dinamarca, permitiendo una operatividad más autónoma. No obstante, cualquier cambio en este estatus requerirá la aprobación del Parlamento danés (Folketing) y del Gobierno de Nuuk. La sensibilidad política es alta, dado que Copenhague históricamente ha facilitado la expansión de la infraestructura de la OTAN, pero nunca bajo un esquema de exclusión de su propia soberanía nacional.
El interés de Washington subraya la importancia del Ártico como un nuevo eje de confrontación geopolítica y climática. La capacidad de monitorear el tráfico submarino y aéreo en el Atlántico Norte es hoy una prioridad para el Pentágono frente a la modernización de la Flota del Norte rusa. El resultado de estas negociaciones definirá no solo la arquitectura de seguridad en el extremo norte, sino también el equilibrio de poder entre las potencias que disputan el control de las rutas polares.


